Hay ideas que se niegan a morir.
Esta comenzó en 1995.
Mucho antes de hëo.
Mucho antes de saber qué era construir una marca.
Mucho antes de imaginar que algún día aquella historia tendría un nombre.
1995
Éramos adolescentes.
Una amiga dibujaba.
Yo había aprendido serigrafía.
Eso era prácticamente todo el plan.
No había estrategia.
No había ecommerce.
No había redes sociales.
No había algoritmos decidiendo qué debía gustarle a alguien.
Había tinta.
Pantallas.
Tela.
Errores.
Ideas.
Y muchas ganas de crear algo que todavía no existía.
Comenzamos a estampar nuestras propias prendas utilizando técnicas de serigrafía artesanal.
Ella tenía un talento extraordinario para el dibujo y una creatividad fuera de lo común.
Yo podía tomar aquellas ideas y convertirlas en algo real.
Diseño.
Tinta.
Presión.
Tela.
La imagen aparecía.
Las primeras piezas
Hay algo difícil de explicar en el momento en que una idea deja de existir solamente en tu cabeza y se convierte en un objeto.
Después ocurre algo todavía más extraño.
Alguien lo mira.
Lo quiere.
Lo compra.
Lo lleva puesto.
De pronto, algo que nació de tu imaginación camina por la calle sobre el cuerpo de otra persona.
Creamos piezas únicas.
Y comenzaron a gustar.
A pesar de entrar en un mercado competitivo, las personas compraban nuestros diseños y encontraban algo especial en ellos.
Nosotros simplemente seguíamos creando.
No sabíamos de branding.
No sabíamos de marketing.
No sabíamos de posicionamiento.
No existían redes sociales.
No existía ecommerce.
La marca ni siquiera tenía nombre.
Solo había ganas de hacer cosas.
Lo que no llegó a ser
El proyecto no duró demasiado.
No hubo una gran caída.
Ni una tragedia.
Ni una última colección.
Simplemente ocurrió algo bastante humano.
Éramos jóvenes.
La vida comenzó a moverse en otras direcciones.
Nosotros también.
La inmadurez de aquellos años hizo que aquel proyecto terminara antes de descubrir hasta dónde podía llegar.
Durante un tiempo pareció que ahí terminaba todo.
No era verdad.
La idea que nunca se fue
Los años pasaron.
Llegaron otras ideas.
Otros proyectos.
Otros intentos.
Algunos funcionaron.
Otros no.
La vida siguió avanzando.
Pero algo permanecía.
La memoria de crear.
Pensar una pieza.
Imaginarla.
Construirla.
Y descubrir que otra persona podía encontrar algo de sí misma dentro de ella.
Esa sensación nunca desapareció.
Quedó ahí.
A veces como recuerdo.
A veces como obsesión.
A veces como una pregunta que regresaba de vez en cuando:
¿y si todavía no terminó?
Pasaron años.
Después décadas.
La idea seguía ahí.
El regreso
Hoy esa idea tiene nombre.
hëo.
No nace como una reconstrucción nostálgica de aquel proyecto adolescente.
Tampoco intenta regresar a 1995.
hëo es su evolución.
Treinta años cambian una mirada.
Cambian las referencias.
Cambian las obsesiones.
Cambian la manera de entender el diseño, la identidad, la cultura y el tiempo.
Pero hay impulsos que permanecen intactos.
Crear sigue siendo uno de ellos.
hëo nace de tomar aquello que sobrevivió y permitirle convertirse finalmente en algo distinto.
Más consciente.
Más preciso.
Más oscuro.
Más extraño.
Más nuestro.
El significado de hëo
Encontramos en hëo una idea que parecía describir esta historia desde mucho antes de conocerla.
Es un término de la lengua yanomami asociado a no quedarse atrás, no dudar y no temer realizar cosas poco habituales, extraordinarias o sorprendentes.
Una expresión presente especialmente en narraciones mitológicas vinculadas a los antepasados.
No nos interesó como decoración.
Nos interesó lo que contenía.
El impulso.
La actitud.
La posibilidad de avanzar sin necesitar parecerse demasiado a aquello que ya existe.
Después de tantos años, entendimos por qué aquel proyecto de 1995 nunca había encontrado un nombre.
Todavía no habíamos encontrado hëo.
El universo hëo
hëo vive entre tiempos distintos.
Hay algo antiguo.
Algo contemporáneo.
Y algo que todavía no sabemos exactamente dónde colocar.
Streetwear.
Vintage.
Minimalismo.
Historia.
Arte.
Misticismo.
Símbolos.
Arquitectura.
Fotografía.
Contracultura.
Objetos marcados por el tiempo.
Imágenes que parecen recuerdos de algo que nunca ocurrió.
Nos interesa la belleza de lo imperfecto.
La erosión.
Las cicatrices.
El silencio.
La tensión entre lo limpio y lo brutal.
Entre lo antiguo y lo nuevo.
Entre desaparecer y permanecer.
Desde Chile, hëo construye una interpretación propia del streetwear independiente y la moda urbana.
No queremos diseñar prendas simplemente porque pertenecen a una tendencia.
Queremos crear piezas con identidad.
Piezas con memoria.
Piezas capaces de decir algo sin explicarlo todo.
Para quienes no necesitan encajar completamente
hëo no intenta representar a todo el mundo.
Nos interesa quien observa dos veces.
Quien encuentra belleza donde otros encuentran desgaste.
Quien mezcla épocas, referencias y contradicciones.
Quien crea.
Quien cuestiona.
Quien cambia.
Quien alguna vez tuvo que comenzar de nuevo.
No porque empezar otra vez sea heroico.
Sino porque algunas veces es simplemente necesario.
Manifiesto hëo
No quedarse atrás.
Crear antes de pedir permiso.
Desconfiar de lo demasiado evidente.
Aceptar las cicatrices.
Cambiar sin pedir disculpas por haber cambiado.
No confundir pertenecer con encajar.
Conservar aquello que el tiempo no consiguió borrar.
Empezar otra vez cuando todavía quede algo por decir.
Hacer espacio para lo extraño.
Seguir.
1995 — ahora
En algún lugar de 1995 quedaron pantallas de serigrafía, dibujos, tinta y prendas que probablemente ya no existen.
No importa.
Nunca fueron realmente el destino.
Fueron la primera evidencia.
La prueba de que una idea ya estaba intentando abrirse camino.
Después necesitó desaparecer.
Equivocarse.
Cambiar.
Esperar.
Más de treinta años después, aquella historia ya no necesita imaginar qué podría haber sido.
Puede convertirse en lo que tenía que ser.
hëo no acaba de comenzar.
Lleva décadas intentando existir.
